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Por José Marulanda

Reportero de Pazífico Noticias

Con 52 votos a favor el Senado de la República aprobó el acto legislativo que le da vía libre a la reincorporación política a las Farc. Esta reforma es considerada una de las neurálgicas de este proceso de paz, puesto que le abre las puertas a esta organización a participar en la lucha por acceder a los cargos de elección popular. El integrante del movimiento Voces de Paz Jairo Estrada expresó que este es un paso clave para que las Farc expresen sus ideas sin armas y se les garantice este derecho.

El debut de las Farc como partido político sin armas en la arena política será en las elecciones parlamentarias del 2018, llegarán a ellas con personería jurídica. Para ese proceso electoral tendrán garantizadas 10 curules, cinco en la Cámara y cinco en el Senado, las cuales serán adicionales al actual número de curules de la corporación.

Pablo Cruz, integrante de Voces de Paz en el Senado, se refirió a esta decisión como un paso necesario para cambiarle la cara a la vida política en el país.

Este proyecto de acto legislativo o reforma constitucional pasará ahora a conciliación en una comisión de congresistas del Senado y la Cámara, para la posterior sanción presidencial.

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La carta que publicamos a continuación surge luego que la Universidad del Atlántico, demostrando que tiene abiertas sus puertas al debate político sobre la construcción de la paz estable, duradera, y con justicia social en Colombia, convocara a un conversatorio en el que estarían presentes Seuxis Hernández “Jesús Santrich” de las FARC-EP y quien fuera integrante de la Delegación de Paz en La Habana, Jairo Andrés Rivera Henker, integrante del movimiento Voces de Paz, Diego Martínez Castillo miembro de la Comisión Jurídica que acompaña los Diálogos, Guillermo Polo Gobernador del Atlántico, así como directivas académicas y administrativas, incluyendo a la Rectora de la institución Rafaela Vos Obeso, docentes, estudiantes, egresados y público de interés.

Medios y políticos de derecha magnificaron un pequeño altercado que se dio cuando un estudiante, irrespetando la metodología del derecho de palabra prevista, quiso intervenir produciendo evidentemente un saboteo a la actividad, e intentaron invisibilizar la gran trascendencia de que tuvo la misma al representar el inicio del Programa asumido por la institución educativa “Universidad del Atlántico y su Compromiso con la Paz”, que tiene por objetivo desarrollar desde la academia toda una serie de iniciativas en pro de la implementación del Acuerdo de Paz.

Un primer gran logro gracias al compromiso con la Paz de parte de la Uniatlántico es haber posibilitado el regreso de Seuxis Hernández “Jesús Santrich” a su alma mater, como una manera de honrar a todos aquellos estudiantes de esta universidad que por sus convicciones políticas fueron asesinados o se vieron obligados a abandonar la institución y la ciudad, e ingresar a las filas de las FARC-EP para salvar sus vidas ante la persecución y amenazas, y seguir luchando por una Nueva Colombia desde esa nueva trinchera.

Abril 24 de 2017

CARTA ABIERTA A LOS ACADEMICOS DE LA UNIVERSIDAD DEL ATLANTICO, ABANDERADOS DE LA PAZ

Con mucha alegría he leído el contenido de su carta, con motivo de los acontecimientos y reacciones suscitadas a raíz del foro convocado por la Universidad del Atlántico el pasado 18 de abril, donde fue invitado como expositor nuestro camarada Seuxis Hernández (Jesús Santrich), como hijo de esta Alma Mater.

Llama la atención, aunque no nos sorprende, que algunos sectores políticos del país, sigan viendo la historia a través del retrovisor y la nostalgia de una guerra que tantos dolores y heridas ha causado a Colombia. Fue esa misma intolerancia y espíritu excluyente el que motivó el alzamiento armado y la confrontación militar que se prolongó por más de medio siglo y que hoy nos esforzamos a dar fin, luego de unas accidentadas conversaciones entre el gobierno y las FARC, que afortunadamente concluyeron en un acuerdo de paz que ofrece, a ésta y a las futuras generaciones, la posibilidad de construir una patria donde quepamos todos, independientemente de nuestra manera de pensar.

Sin dudas el Acuerdo de Paz no es aun “la paz estable y duradera” que anhelamos la mayoría de los colombianos, pero indiscutiblemente es el mejor instrumento para avanzar con paso firme hacia la reconciliación de la familia colombiana. El acuerdo de La Habana tiene en su letra y espíritu, grandes aportes que bien aprovechados, darán inicio a las trasformaciones sociales, políticas y económicas, que nos permitan soñar con un país más equitativo e incluyente; un país donde las diferencias políticas e ideológicas no se diriman a tiros, ni con la eliminación física del opositor; un país donde los derechos del capital no primen sobre el bienestar de las comunidades; donde las ganancias de las multinacionales no estén por encima de la vida, el medio ambiente y los derechos humanos.

En buena hora, la Universidad abre las puertas al debate político tomando como punto de partida un tratado de paz que ha tenido en cuenta la historia colombiana y universal, la cultura, el derecho interno y lo más avanzado del derecho internacional, para sentar las bases de la construcción consensuada de un nuevo tipo de democracia. Con estos gestos e iniciativas, la universidad, como centro del pensamiento y la cultura, demuestra su compromiso con la nueva historia que empezamos a construir.

Con optimismo y orgullo he podido presenciar desde la distancia, que ese templo del saber, La Universidad del Atlántico, siguiendo hoy “la tradición de compromiso con la sociedad que ha tenido la educación superior en nuestro país, se la jugó con la construcción de la paz y la reconciliación de los colombianos, con el lanzamiento del programa “Uniatlántico compromiso con la paz”.

En esta universidad me hice demócrata y revolucionario; De allí partí hacia las montañas a integrar las filas del ejército de Manuel Marulanda tras el sueño de la justicia social, cuando vi agotadas las condiciones y garantías para el ejercicio de la política. Confieso que nunca abandoné la esperanza de retornar y honrar la memoria de los que como Alfredo Castro, Luis Meza, Reynaldo Serna, Lisandro Vargas, Dreiver Melo, Raúl Beter, entre otros, fueron abatidos a tiros por las mismas manos que hoy claman la continuación de esta guerra que ha dejado un saldo lamentable de vidas cegadas y esperanzas truncadas.

El destino de Colombia está en las manos de esta generación de estudiantes, docentes, trabajadores, campesinos, indígenas, afrodescendientes, artistas, hombres y mujeres que aman la paz. No dejaremos que nos arrebaten la esperanza. Somos más los que queremos la paz.

Desde mi condición de integrante de las FARC en proceso de reincorporación a la vida civil, e hijo de esta alma mater, convoco a todos los estamentos universitarios y en especial a sus autoridades académicas y administrativas, a continuar el debate libre y franco alrededor de los problemas más apremiantes del país, con miras a sanar las heridas que ha dejado la guerra, convencido que la universidad tienen un papel protagónico que jugar en “la construcción de la paz estable y duradera” que se selló en los acuerdos de la Habana, entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP.

De ustedes, con especial afecto:

BENEDICTO GONZALEZ MONTENEGRO (Alirio Córdoba, integrante de las FARC en proceso de reincorporación a la vida civil)

 

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En una denuncia pública del Comando de la Zona Veredal Transitoria de Normalización Ariel Aldana de las FARC-EP, ubicada en la vereda La Valiente, municipio de Tumaco-Nariño, se informa que el miembro activo de la organización y recientemente excarcelado como beneficiario de la ley de amnistía e indulto Luis Alberto Ortiz Cabezas, de seudónimo “Pepe”, encontrándose en su casa fue atacado con arma de fuego produciendo su muerte.

También se señala que la comunidad ha reiterado su denuncia y preocupación respecto a un grupo armado que hace presencia en la zona, el cual es dirigido por un hombre apodado “Renol”, y que es culpable de varias agresiones y homicidios, a los cuales se sumaría el del guerrillero indultado Luis Alberto Ortiz Cabezas.

Ante este escenario se profundiza la preocupación e incertidumbre en relación con las garantías políticas para las y los guerrilleros y para las y los líderes sociales, así como en relación con la evidente ausencia de medidas estatales para el combate de grupos armados paramilitares que están claramente establecidas en el Acuerdo de Paz de La Habana, configurando nuevamente un escenario de persecución y de exterminio como el ya vivido en años pasados por la Unión Patriótica.

 

 

 

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Por  Timoleón Jiménez

La aparición de Chávez en el escenario latinoamericano se produjo hace 25 años, con el intento frustrado de golpe contra el gobierno corrupto y neoliberal de Carlos Andrés Pérez. Un continente en el que gobiernos e intentonas militares dejaron nefasto recuerdo, no recibió con entusiasmo la incursión del teniente coronel, al que se asimiló de entrada con los gorilas del cono sur.

 

Equivocación odiosa, que generó desconfianzas en muchos movimientos políticos. Estas solo desaparecieron cuando lo vieron emerger en medio de impresionantes multitudes tras el golpe contra su gobierno en el año 2002. La curiosidad hacia él se hizo evidente, qué pensaba realmente, qué proponía para haberse ganado tal animadversión imperialista y oligárquica.

 

Pero sobre todo, qué estaba haciendo para que millones de venezolanos, sobre todo humildes, se lanzaran a la calle, sin armas, llorando de rabia y dispuestos a hacerse matar por su regreso a la Presidencia. Fue claro que había dos países en Venezuela, el de los empresarios y sindicatos corruptos hincados ante Washington, y el de la gente que creía y esperaba cambios.

 

El primero lo tenía todo. Dinero, poder, alcurnia, medios masivos de comunicación, apoyo de los Estados Unidos. El segundo en cambio estaba hacinado en las grandes barriadas populares, necesitado con urgencia de recursos, trabajo, educación, salud, vivienda, derechos elementales que les habían sido negados siempre. Y reconocía en Chávez su única esperanza.

 

Por vez primera un gobierno había tocado a sus puertas, para invitarlos a hacer parte de la vida política del país, a organizarse, a luchar por sus reivindicaciones. Los tomaba en cuenta, los respetaba y ayudaba, hacía realmente obras para ellos, gobernaba para los desharrapados antes que para los terratenientes y el gran capital como había sido siempre.

 

El 11 de abril de 2002, como se demostró posteriormente, fue el producto de una conspiración criminal, en la que se movilizó gente engañada al lado de la de las clases altas, con un plan previo de generar caos. Francotiradores, destrucción general, asesinatos y violencia extrema fueron presentados por los medios como legítima protesta contra una dictadura infame.

 

La historia se  repite quince años después. Los Estados Unidos harán hasta lo imposible porque las mayores reservas petroleras del mundo vuelvan a su control. Por exterminar de raíz el ejemplo de un pueblo que recupera su dignidad y emprende su propio destino. Capitalistas y terratenientes locales apuestan de nuevo a recuperar la torta perdida, al precio que sea.

 

Han sido 18 años de sabotaje permanente, de zancadillas y tropeles cuidadosamente tejidos para generar la impresión de que los malos son los otros. Los que no saben nada de economía, ni de administración, ni de política, los chambones que lanzan un país al desastre con el pretexto de una ideología que además les sirve para llenar sus bolsillos. 

 

Estrategias mediáticas ligadas al desorden que se encargan de sembrar al interior de un país en el que su pueblo marcha por caminos distintos a los dictados por los organismos multilaterales de crédito. Es imposible no recordar el Chile de Allende, sumido en el desespero por la especulación y el acaparamiento. En la revolución sandinista asediada por los contras y su ira asesina.

 

En la Cuba del Che Guevara y Fidel, victimizada por el terror imperialista de Playa Girón, los múltiples atentados, el bloqueo económico, las conspiraciones nacidas de la OEA, los planes para asesinar su dirigencia, la infiltración de agentes y la creación de falsos liderazgos al servicio del imperio. En la Colombia paramilitarizada y aterrorizada para que odie a las FARC. 

 

El mundo de hoy afronta una estrategia de dominación novedosa, en la que verdad y realidad ceden su lugar a la apariencia y la mentira difundidas en gran escala por poderosas cadenas informativas. En 2003 los intereses imperiales se empeñaron en sembrar la idea de un Irak dispuesto a usar armas químicas y de destrucción masiva que poseía a granel en sus arsenales. 

 

El resultado final fue más de un millón de inocentes iraquíes asesinados impunemente, un  país destruido y sumido en el desconcierto, en el que jamás se halló una sola de las armas que le acusaban poseer, pero con todo su recurso petrolero en manos de las grandes compañías de la coalición justiciera. Que ahora se sepa la verdad no cambia nada, el mal es irreversible.

 

Nadie que no sean los iraquíes habla de los crímenes de humanidad cometidos contra ellos por el imperio, sin obtener cabida en la gran prensa mundial que todo lo controla. Para nadie es un secreto que grupos terroristas como Al Qaeda y los muyahidines de Osama Ben Laden en Afganistán fueron creados, financiados y entrenados por la CIA en su obsesión antisoviética.

 

Y que tras los atentados del 11 de septiembre sirvieron a la vez como pretexto para invadir Afganistán y declarar la absurda guerra contra el terrorismo de Bush. No fue escándalo que para la Secretaria de Estado Hillary Clinton, estuviera claro que nuevamente Al Qaeda estaba de parte de USA en Siria, combatiendo al lado del siniestro Daesh contra el nuevo satanás al Asad. 

 

Hemos visto derrocar a Zelaya en Honduras, a Lugo en el Paraguay, a Dilma en Brasil, a la vez que hundir en el desprestigio a Cristina Kirchner, en cumplimiento de la determinación de los centros de poder del capital trasnacional. Los mismos que destrozan al pueblo palestino en medio oriente a fin de garantizar la supervivencia de Israel como guardián de sus intereses en la región. 

 

Venezuela no es más que el ejemplo más cercano, de cómo se convierte en incapaz y totalitario a un gobierno, que mediante un bello experimento de democracia y tolerancia, construye una alternativa económica y política frente al designio neoliberal. A la manipulación de parte de la población sumida en la impaciencia, se une la barbarie de una extrema derecha criminal.

 

Que se ampara en su poder mediático. Que ignora la existencia de un aplastante movimiento de masas populares que no cesan de apoyar a su gobierno legítimo. Para la prensa colombiana no existen el fervor chavista ni las multitudes que rodean a su Presidente. Únicamente los otros, las arribistas capas medias, las bandas violentas y asesinas a las que describen como pueblo.

 

Y que tienen un curioso parecido con las bandas paramilitares colombianas, que en su momento fueron presentadas en los grandes medios como salvadores de la patria. Actúan con el mismo odio con el que en nuestro país se expresan y obran los enemigos de la paz. Hablan de sacar a patadas, incendian, atacan las obras sociales de la revolución, destruyen, matan.

 

En medio de semejante confusión creada desde las alturas del gran capital y la tierra, las FARC no podemos guardar silencio en aras de ganar simpatías. Respaldamos a Nicolás Maduro Moros y la revolución bolivariana, denunciamos la embestida criminal de que son víctimas, llamamos al pueblo colombiano a no dejarse engañar. Urge buscar otras alternativas para informarse.

 

Ninguna obra humana es perfecta y seguramente que pueden haberse cometido errores, que pueden repararse y superarse. Pero no son la corrupta oligarquía colombiana ni sus aparatos de opresión los llamados a dar lecciones de democracia y decencia, cuando han generado en nuestro país un caos mucho mayor y lo dominan mediante un baño de sangre popular permanente. 


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Por:  Alberto Pinzón Sánchez

Desde la revista Semana (¿desde dónde más?) uno de sus columnistas estrellas, nos anunciaba “songo sorongo” y al mejor estilo “currambero”, una de las post verdades, decir mentiras, de la moda posmoderna colombiana, así:

“En Colombia, La guerra con los fierros se está volviendo cosa del pasado. Las FARC dejaron de disparar hace mucho rato y esperemos que el ELN lo haga también. La que viene es una guerra de relatos. Hasta el momento el relato que prevalece sobre la naturaleza de la guerrilla es el manufacturado por el establecimiento, con un grado de eficacia que hasta gente que se promueve de izquierda se lo ha tragado entero, tanto como que están empeñados en perdonar los pecados mortales del sistema y condenar sin expiación los cometidos por la guerrilla.” (1)

Unos meses atrás, el columnista ya lo había advertido en otra entrega:

“Piensa, Timochenko, que en las bodegas del barco pueden ustedes traer cosas nuevas que llamen la atención, seduzcan y desconcierten a la gente que espera en el puerto o pueden exponer las baratijas de siempre y encontrar eco en los frikis de siempre. Con un poco de gracia e ingenio se puede montar o desmontar una imagen. Lo viejo, dándole una vuelta, se puede convertir en lo nuevo. Ustedes, Timochenko, son viejos echando bala, pero nuevos en la política de estos tiempos cinematográficos en los que la imagen vale tanto como el discurso y la forma de decirlo.” (2)

La conclusión, posiblemente bien intencionada, se agota en su obviedad posmoderna: Al relato dominante hay que oponer un relato “alternativo”, atractivo o mejor “chévere y bacano”; descartando, claro está, el gran relato o envejecido y caduco “meta-relato” marxista de la lucha de clases, con su expresión material y contradictoria en la supra estructura de la sociedad y en todas sus otras instancias: la jurídica, la ideológica, la política y la ética o moral.

Basta con elaborar un buen relato de una a verdad “alternativa” que elaboraría de manera “consensuada” una Comisión de la Verdad recientemente decretada, para oponerlo a la “verdad oficial” del establecimiento, elaborada por la nueva burocracia de los historiadores formada por el colombianólogo francés Daniel Pécaut, que se reduce a decir que el llamado conflicto colombiano no fue cosa distinta de una guerra de las Farc y del ELN contra la sociedad; para que al final, cada quien en su fuero interno individual, en el supermercado de las ofertas ideológicas y políticas escoja cual consume o con cual se queda: ¡La guerra de los relatos!

Indudablemente quien haya leído con detenimiento y buena fe, es decir sin perfidias, el Acuerdo de Paz de la Habana logrado entre el Estado colombiano y las Farc-Ep, sabe que allí quedó ampliamente descrito un “sistema” (con todo lo que esta categoría científica implica) integral de Verdad, Justicia, Reparación y No repetición (SIVJRNR) y del cual entre otros subsistemas forma parte la Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No repetición y la Unidad Espacial para búsqueda de personas dadas por desaparecidas.

Y que tal tarea no puede saldarse con un “relato o Informe Final” escueto que elaborarían los comisionados escogidos para tal fin, sino que además del acto psicoanalítico de verbalizar lo ocurrido y sacar a flote la parte del Iceberg sumergido durante tantos años y con tanta propaganda negra trasmitida tan exitosamente por el oligopolio mediatico contrainsurgente (del cual, en este caso, forman parte los institutos y museos de la verdad y la memoria oficial) es necesario realizar de manera simultánea un sinnúmero de acciones materiales practicas reparadoras y reconciliadoras, llamadas por algunos “sanadoras”; que además de descorrer el velo mentiroso de la ideología oligárquica e imperial dominante, proporcione a los colombianos los elementos verídicos basados en hechos reales no adulterados de todos estos años de barbarie contrainsurgente. Es a lo que Uribe Vélez le tiene pavor y por eso su oposición a ultranza.

Hay que entregar los museos e institutos de la verdad y la memoria oficial existentes para integrarlos a este Sistema Integral de Verdad ...(SIVJRNR) y crear en cada municipio y provincia azotada por la guerra contrainsurgente uno nuevo, que le documente a sus pobladores y ciudadanos lo sucedido y les recuerde en el futuro, tal y como lo ha hecho la República Federal de Alemania con los horrores y la barbaridad del Nazismo y de la Stassi.

Y hay que preparar un sistema educativo de carácter nacional para educar a las nuevas generaciones sobre lo que todo esto ha significado. No basta que el Obispado colombiano que controla la educación en el país nos siga diciendo que “Colombia es una sociedad enferma, y que debemos seguir votando por los mejores”, sino que hay que dar los pasos concretos en su curación o sanación, en lo cual la Iglesia Colombiana siempre tan calladita y prudente, ahora tendrá mucho que decir y aportar para esclarecer parte de lo sucedido.

En resumen: Que no nos vamos a tragar el cuento de la revista Semana y sus columnistas sobre los “relatos bacanos”, y mucho menos convertirlo en un relato jurídico; sino que vamos a continuar con el mega-relato de la lucha de clases y, el complejo e interminable campo de su expresión material y contradictoria en la supra estructura de la sociedad y en todas sus otras instancias: la jurídica, la ideológica, la política y la ética o moral.

El Informe Final de la Comisión de la Verdad solo será la parte inicial de la difícil y permanente tarea por venir. Esa es la batalla ideológica integral y de ideas que debemos enfrentar y ganar, si se desea ingresar definitivamente al mundo de la civilización moderna.

Fuente Imagen Internet

http://www.semana.com/opinion/articulo/yesid-arteta-las-farc-y-el-eln-a-hacer-politica-sin-armas/514987

http://www.semana.com/opinion/articulo/yezid-arteta-proceso-de-paz-farc-necesitan-construir-un-relato/475920

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