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Albert Camus (1913-1960) y Jean-Paul Sartre (1905-1980), dos franceses cuyas publicaciones los convirtieron en autoridades de la corriente filosófica existencialista, así como en autoridades del pensamiento político de izquierda francés, protagonizaron una irritada confrontación epistolar que el segundo publicó en su revista Temps Modernes.


Sartre las publicó luego de que Camus publicara su libro El hombre rebelde en 1951, donde rechaza el régimen stalinista y lo compara con el nazismo, afirmando que, así como se criticaron las atrocidades del nazismo, también son criticables las atrocidades que consigo trajo el régimen comunista de Stalin. Esta postura lo torna inmediatamente en un enemigo para los intelectuales de izquierda.


A continuación se hará una contextualización sobre el pensamiento filosófico de cada autor (que involucra sus posturas políticas y literarias, y la relación existente entre ellas), para así comprender la trascendencia de la confrontación mencionada en el párrafo anterior, teniendo en cuenta que ambos fueron existencialistas ateos, es decir, afirmaban que la existencia precede la esencia…


“No creo en Dios, me aburre”, Albert Camus.


Y luego, a modo de conclusión, se profundizará en cada postura según su forma de adoptar la literatura, teniendo en cuenta que el rol que ella cumple es diferente y fundamental en cada filósofo.


I


Jean-Paul Sartre, el hombre del compromiso político del ser y el arte, pasó por el Lycée Henry IV de París y la École Normale Supérieure de la misma ciudad. Planteaba en sus libros La trascendencia del ego (1938) y El ser y la nada (1943) que hay dos tipos de seres: los seres en sí y los seres para sí. Los seres en sí son siempre lo mismo (por ejemplo, una roca, una mesa, un árbol), mientras que los seres para sí no son estáticos, son proyecto, son una proyección hacia el futuro. La relación entre ambos es que el ser para sí proviene de un ser que dejó de ser en sí para empezar a elegir, es decir, el ser para sí se construye de elecciones pasadas que hizo libremente.


“El hombre está condenado a la libertad”, Jean-Paul Sartre.


 No obstante, el ser es nada, pues en el presente aún no es el proyecto futuro satisfecho y ya dejó de ser las elecciones de su pasado. Esto se correlaciona con que sólo eligiendo es como un hombre se da un ser, es decir, cuando un hombre elige está eligiéndose a sí mismo y volviéndose un ser para sí, pues el hombre es libre y no tiene otra opción que hacer elecciones: el hombre es siendo libre.


Para Sartre (según su discurso El existencialismo es un humanismo), un hombre está comprometido políticamente, puesto que cada elección que haga afectará a los demás hombres. Por más que se nazca en un mundo que enajena a las personas, Sartre afirma que hay un punto en el cual el hombre debe elegir bajo un compromiso político para con los demás; entonces, así como cada hombre está comprometido con el resto de hombres y al mismo tiempo es responsable de ellos, cada época está comprometida con la humanidad y es responsable de ella; la literatura también debe estar comprometida políticamente con los hombres y la filosofía debe estarlo con el barro de la historia, pues esta no existe para apoltronarse en las bibliotecas sino para sacarla a la calle.


Según Sartre, las ideas bajo las cuales cada hombre elige libremente pero comprometido políticamente son primordiales a la vida humana. Por ejemplo, Sartre y Simone de Beauvoir viajaron a Cuba con el fin de aprender cómo se estaba formando la revolución. Ellos dos consideraban primordial la unión del pueblo cubano para alcanzar el comunismo antes que el hecho de que la revolución traería violencia y asesinato entre las gentes.


II


Por su parte, Albert Camus, el hombre del absurdo que consideraba la libertad y la vida humana superiores a cualquier radicalismo y/o ideología, fue un argelino nacido en el seno de una familia de emigrantes franceses. Tuvo su formación académica en la Universidad de Argel, pero después llegaría a Francia y se haría amigo de Jean-Paul Sartre en 1943, entre otros pensadores de la época. Su corriente filosófica también fue el existencialismo ateo, tal y como lo reflejó en su novela El extranjero (1942).


Esta novela es una narración en primera persona de un hombre condenado a prisión, cuya condena, absurdamente, fue a causa de la retroalimentación de algunos sucesos de su vida (tales como el hecho de no haber llorado en el funeral de la madre y sí haber tomado tinto y el hecho de no conmoverse ante la imagen que el juez católico le mostró de Cristo ensangrentado) y no propiamente del crimen (haber asesinado a un árabe en medio de un ataque en la playa, nada planeado). Pero, en medio de lo absurdo de la situación y del pensamiento pesimista del personaje, dominado por el sinsentido de la cotidianidad, Camus plantea maravillosamente en este libro que la verdadera libertad se halla en el pensamiento y no en otra parte, por este motivo Meursault no se aburre estando en prisión: se dedica a recordar y reflexionar.


“Así, cuanto más reflexionaba, más cosas desconocidas u olvidadas extraía de la memoria. Comprendí entonces que un hombre que no hubiera vivido más que un solo día podía vivir fácilmente cien años en una cárcel. Tendría bastantes recuerdos para no aburrirse”, Albert Camus.


III


Hasta el momento, se podría concluir que ambos filósofos coincidían en corrientes como el existencialismo ateo y su interés por la condición de libertad humana, además defendían las ideas políticas de izquierda (como la Unión Soviética ) y rechazaban el nazismo.


Sólo hay una diferencia visible: para Sartre, la relación entre libertad y literatura es que la literatura es un medio de compromiso político para con la sociedad (tal y como la existencia de cada hombre y su libertad). Para Camus, la literatura iría mucho más allá de un compromiso político y llegaría a un ámbito plenamente correlacionado con el cuestionamiento del humano en su ser y su pensar, tal como Meursault que encontró la libertad a través del pensamiento, por ejemplo, cuando se imaginó una mujer y se masturbó tras haber pensado que la cárcel le prohibiría placeres e instantes como las relaciones sexuales.


Sin embargo, la amistad entre Camus y Sartre estaría marcada por una diferencia importante a causa de la reflexión justa de Camus en la que juzgaba tanto la derecha como la izquierda, acto que para Sartre fue tomado como una ofensa y una traición a los ideales de izquierda que Camus también defendía, y no como una crítica política contra la violencia y el menosprecio de la vida humana por parte de los radicalismos. En 1951, Camus publicó El hombre rebelde, el resultado de una investigación. La reflexión del autor en este libro lo condenó como enemigo de la izquierda intelectual de París. En el libro se presenta un recorrido histórico de la noción de revolución y de la noción antitética de rebeldía, llegando así Camus a rechazar la revolución relacionándola con la violencia, pues, por ejemplo, considera que el régimen de Stalin, comparado con el régimen nazi, también se apoya en una idea de absolutismos que engendra terror y violencia entre las personas.


Tras la publicación de dicho libro, Sartre y otros intelectuales de la izquierda publican artículos contra Camus, mientras que intelectuales de la derecha, repentinamente, publican elogios que el mismo Camus rechaza. Tras una publicación en Temps Modernes en su contra y en contra de su libro, Camus dirige una carta en su defensa a la revista. Sartre publica esa carta y en seguida le responde; luego, los dos examigos inician una contienda mediada por letras.


Aquí la transcripción de la contienda (a partir de la respuesta de Sartre, cuando Camus ya escribió tras el artículo publicado en la revista):


Sartre: “Yo condeno los campos de concentración. Pero condeno igualmente la explotación que los capitalistas y los burgueses procuran hacer con ello”.


Camus: “Señor Director, no se decide sobre la verdad de un pensamiento según si es de derechas o de izquierdas. Y menos aún según lo que la derecha y la izquierda deciden hacer con ello. Si finalmente la verdad estuviera en la derecha, yo estaré ahí”.


Sartre: “Mi querido Camus, nuestra amistad no era fácil, pero la echaré de menos. Dígame, Camus, ¿qué misterio hace que no se puedan discutir sus obras sin quitarle las razones para vivir a la humanidad?”.


Camus: “Digo textualmente que Marx ha mezclado en su doctrina el método crítico más válido con el mesianismo utópico más contestable”.


Sartre: “Puede que haya sido usted pobre. Pero ya no lo es. Usted es un burgués como Jeanson y como yo. Le queda lejos su parecido con san Vicente de Paúl o con una hermanita de los pobres. Y la miseria no le ha hecho ningún encargo. ¿Y si su libro sólo fuera testimonio de su incompetencia filosófica? No me atrevo a recomendarle El ser y la nada. Leerlo le parecería inútilmente arduo”.


Camus: “Estoy un poco cansado, como los viejos militantes que nunca se amedrentaron ante las luchas de su tiempo, de tener que recibir sin tregua, lecciones de eficacia por parte de censores que nunca hicieron otra cosa que colocar sus sillones en el sentido de la historia”.


Sartre: “Era usted la admirable conjunción entre un hombre, una acción y una obra. En 1944, su personalidad fue el porvenir; en 1952, es el pasado. Ya sólo vive a medias entre nosotros. Espero que nuestro silencio haga olvidar esta polémica”.


Estas contrarrespuestas entre Sartre y Camus finalmente demuestran una gran diferencia, aparentemente escondida, entre el pensamiento del uno y del otro: Sartre consideraba que las ideas son más valiosas que la vida misma, pues sólo se es cuando se elige, es decir, la libertad del hombre está en sus decisiones y esta libertad es la que lo lleva a ser, no obstante, cada quien es responsable del resto de personas en tanto que cada elección que toma cobra valor si y sólo si se opta por ideas comprometidas políticamente con la humanidad entera.


Por ello rechaza El hombre rebelde, pues cree más importante la instauración del comunismo (idea comprometida con la humanidad) que las vidas que se pierdan para lograrlo. Así pues, para Sartre, la literatura configura un rol en el que está comprometida políticamente de forma exclusiva.


En cambio, para Camus, prima la vida humana sobre las ideas. Sean ideas burguesas o sean ideas comunistas, considera inaceptable e injustificable la violencia contra la vida humana por una ideología, por eso mismo no adopta que el rol de la literatura sea para un fin político, sino que más bien esta debe englobar aspectos humanos que involucren el ser y el pensamiento (donde está la verdadera libertad) y todo aquello que la literatura dice pero no dice y que sólo cada lector sabe descubrir, precisamente, desde su existencia y su pensamiento.


Nota final: quizás no sea tarde para que los seres humanos comprendan la trascendencia de las discusiones entre Albert Camus y Jean-Paul Sartre: la personificación misma de las diferencias existenciales entre el ser y las ideas. Esta discusión es un ejercicio para cuestionar si las ideas triunfan sobre la vida y se justifican para que sigamos matándonos, como ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad, o si tal vez sea mejor que entendamos que la vida debe triunfar sobre las ideas y así darle un sí a quienes no han tenido más opción que combatir guerras de ideologías representadas por armas.


Fuente: http://www.reddigital.cl

 

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