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Por: Alberto Pinzón Sánchez

En esta “Sommerpause” o descanso veraniego, obligatorio en estas latitudes del exilio, además de tomar y acumular la energía solar necesaria para enfrentar el invierno que se anuncia y acompañarse de una lectura reflexiva, se impuso también una pausa (debido al desarrollo tortuoso y tórpido impuesto por el Estado colombiano del proceso de implementación de los Acuerdos de la Habana) en la realización del congreso constitutivo de las Farc-EP en partido político de nuevo tipo, con todas sus trascendentales definiciones esperadas por más de medio siglo de resistencia anti oligárquica y anti imperialista. Por lo que aún estamos a la espera de sus conclusiones.

En el entretanto, avanzó, como nunca antes se había visto, la crisis de descomposición del régimen oligárquico y cipayo dominante en Colombia, con sus escándalos de corrupción y podredumbre moral de las más altas estructuras de dominación de los famosos TRES PODERES de la llamada democracia más antigua de América Latina: En el ejecutivo, en el legislativo y ni se diga en el judicial, que en el derrumbe arrastró a dos de los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE) descritos por el maestro Althusser, fundamentales a la creatura de dominación montada en Colombia:

Uno, la Iglesia vaticana, que espera resolver sus agudas contradicciones internas y de disputa de fieles con las iglesias protestantes rivales, trayendo al papa Bergoglio a Colombia en los próximos días, y de paso, para que también con su Poder Terrenal ayude en la tan necesaria reconciliación de todos los colombianos.

Y otro, el sistema de partidos políticos, que han sido remplazados totalmente por un ingenioso método de la dominación oligárquica llamado “recolección de firmas”, al cual y como si fuera una broma macabra se ha acogido el capo del partido Cambio Radical Vargas Lleras, vicepresidente y candidato presidencial 2018 de J.M Santos. Falta que nos anuncien desde la casa presidencial de Colombia, que el próximo presidente será también escogido por recolección de firmas.

Así mientras el entable oligárquico y cipayo se cae a pedazos, hace su aparición en escena un “partido de nuevo tipo”, el de las Farc-EP, con sus curtidas bases populares jubilosas y llenas de moral revolucionaria y experiencia práctica, ratificando su invencible táctica/estrategia leninista de “LA MAS AMPLIA COMBINACIÓN DE TODAS LAS FORMAS DE LUCHA DE MASAS”, establecidas en Colombia por Manuel y Jacobo, pero OJO, esta vez únicamente legales, lo que le han dado un mentís a los reformistas y electoreros de siempre, quienes han intentado castrar la iniciativa popular cercándola con su falsa dicotomía de elecciones o lucha armada y encerrándola en los estrechos límites de las elecciones para el “cretinismo parlamentario” denunciado por Lenin. Uno no puede menos de desear una cosecha de sucesos a tan clara concepción de la lucha popular a futuro.

Tratando de explicarme la profundidad de las ideas leninistas en las raíces fundacionales de las Farc-EP, que fuera más allá del cliché contrainsurgente dominante de que las Farc han sido el brazo armado del partido comunista colombiano, o que fueron (al estilo bíblico) una creación de este perseguido partido; desde muy presto como lo relato en las páginas 115 -119 de mi libro “Salvo la ilusión todo es el poder. Editorial FICA Bogotá.2012” (http://www.cronicon.net/fica/pdf/pinzon.pdf) en el inicio de mis estudios de Antropología me inquietó la relación personal política y camaraderil habida entre Isauro Yosa y Manuel Marulanda, surgida, afianzada y soldada en la experiencia del campamento del Davis, sur del Tolima en 1950, bastante bien documentada por el escritor y cronista Arturo Alape en sus libros sobre “las vidas de Pedro Antonio Marín, Tirofijo” (http://www.cedema.org/uploads/lasvidas.pdf) páginas 88, ss, publicado en 1989; así como también por la excelente obra del maestro Alfredo Molano, especialmente “Trochas y Fusiles. Editorial Áncora. Bogotá 1994”.

Alape en la página 94 del libro citado, trascribe el testimonio de Isauro Yosa así:

…“La confrontación fue muy dura a comienzos de los años 50. La policía y los grupos de civiles que acompañaban a la policía -la gente los calificaba de sapos o pájaros-, eran unos ladrones. Por donde pasaban iban quemando las casas, robándose todo, iban ejerciendo represalias contra la población civil, mujeres, niños, no les importaba la edad que tuvieran, lo que importaban era que entre menos resistencia opusieran, más se ensañaban y los reprimían. Entonces se discute en los comandos; algunos sacan la conclusión que la población de esos sectores sufría la represión por la presencia de los grupos armados de los comandos; otros pensaban que gracias a la existencia de los comandos, por miedo a ellos, la policía no exterminaba a las familias. Los comandos habían perdido el carácter de autodefensa que tuvieron al comienzo, ahora empujados por la represión, como los tigres que tienen las garras listas, se vuelven más ofensivos”.

Surge la idea de la Columna de Marcha, en primer término, por los contactos que ya se tenían con la guerrilla de los Loayza, que estaban operando mucho más hacia el sur del departamento, a una distancia de tres o cuatro días de nuestros comandos. Además, porque en la dirigencia de los tres comandos se creó la tendencia de no darle motivos al enemigo para ejercitar represalias contra la población civil. Era como abandonar un poco el escenario, organizadamente, dejando a la población con sus consignas. Que saliera el grupo armado con aquellos auxiliares que tuvieran una mayor capacidad de movilización.

Claro se convoca la asamblea general con el personal civil y militar, buscando la aprobación de la gente, a fin de que ésta tuviera conciencia del paso que se iba a dar. Por decisión mayoritaria se adoptó la determinación de abandonar la zona.

Nosotros, por esos días estábamos leyendo “El Caballero de la Esperanza”, el libro de Jorge Amado, y veíamos cómo Prestes había durado tres o más años, atravesando el territorio brasileño y combatiendo en las circunstancias más difíciles. Y un poco ingenuos pensamos que la experiencia se puede trasplantar así de cruda a otro lugar. Es que teníamos que encontrar una salida. Lo genial, creo yo es que, sin orientación de nadie, auto-orientándonos no nos quedamos encerrados no nos sentamos a esperar soluciones desde afuera. Nos inventamos la solución. Esta situación la resolvimos dejando a las familias; unas se fueron para el pueblo y otras hicieron lo contrario, juntaron la existencia con la Columna de Marcha y por eso la columna desde el comienzo se hizo tan grande. En el momento de iniciar la marcha eran más de cien personas”…..

En este testimonio se habla solamente de la importante influencia que tuvo entre aquellos perseguidos campesinos colombianos, del extraordinario pero olvidado e ignorado libro del escritor Jorge Amado “El caballero de la esperanza”, donde relata de manera magistral la vida, obra y sufrimientos del comunista brasileño Luis Carlos Prestes y su legendaria y épica columna de marcha armada con las que cruzó el Brasil. Muy posiblemente la edición de mayo de 1942 de Editorial Claridad, de Buenos Aires, Argentina, que también muy probablemente le debió llevar Fidedigno Cuellar, maestro de escuela y fundador del partido comunista colombiano, quien fuera enviado por el Comité Central a la vereda el Limón de Chaparral Tolima, a alfabetizar a los niños y adultos, uno de ellos Isauro.

Sin embargo, leyendo el primer capítulo del libro del maestro Molano, Trochas y Fusiles, en la parte dedicada al campamento del Davis, donde Isauro Yosa en una sorprendente y talvez única entrevista personal le cuenta lo que fueron sus inicios en la resistencia armada contra a agresión chulavita (Policía del gobierno conservador de Laureano Gómez) le dice a Molano, quien lo escribe así:

.”Más de cien hombres armados buscándome a mí, el jefe de los comunistas. Habían acampado en la hacienda de los Iriarte y todavía no sabían hacer cercos. Yo mandé regar la gente para obligar a los chulos a desconcentrarse con la idea de golpear por ahí a algunos que anduvieran desprevenidos. Teníamos ya unos cincuenta fistos y doscientos catalicones, bombas de tubo y metralla, muy efectivas.

Una tarde se metió una comisión de cinco. Tal como la mirábamos desde una loma, venían más que en son de pelea con ganas de robarse unas bestias. Nos agazapamos en un paso y les soltamos dos catalicones y un par de descargas de escopeta que sonaron secas. Respondieron sin orden, a la loca, asustados. Ese día cogimos la primera carabina, con cartucheras y buen parque; era un arma belga, muy bella. Nos parecía mentira ese olor a nuevo que tenía. Con ella nos metimos en otra comisión y en otra. Miramos que en cada ataque sumábamos una o dos carabinas sin que a nosotros nos pasara nada. Había que pagar con susto, pero nada más. El ejército se retiró porque pensaba que teníamos un armamento pesadísimo, traído de Rusia, como más tarde echaron a decir. Esa vez conseguimos seis carabinas y se lo hice saber inmediatamente a don Gerardo, a quien, claro, ya le habían contado de nuestras acciones. Eso lo convenció. Si nosotros éramos buenos trabajadores y además buenos peleadores, el defendido iba a ser él. Hasta yo lo pensé así, pero la oferta ya estaba hecha y no había cómo correrse.

Entre el Ambeima y Río Blanco había dos días de camino cuando uno iba escotero. Pero andar con familias y con trasteo era un cuento distinto. Lo primero que hicimos fue construir en tierras del Davis, arriba de Río Blanco, un cuartel general y guindaderos para las familias. Mandé veinte hombres a trabajar en el punto de llegada mientras nosotros avanzábamos con ese reguero de gente. Más de doscientas familias. Iban desde los abuelos hasta las gallinas. Miles de personas. Nos dividimos en varias comisiones defendidas por fusileros, que llamábamos, para darles importancia. Los fusileros iban adelante y a los lados; las familias en el centro. Así nació la columna que bautizamos con el nombre de Luis Carlos Prestes, un comunista brasileño que iba allí pero que nadie conocía. Conocidos iban don Ricardo Aurelio Restrepo, antioqueño, una plata de hombre; don Pedro Ramos, don Eliseo Manjarrés, don Juan Robledo, don Genaro Useche, todos muy respetables y ya mayores. El más mozo era yo, que tenía cerca de cuarenta años. ”…..

Aquí queda claro que, Luis Carlos Prestes, quien le dio el nombre a la columna comandada por Isauro, IBA ALLÍ, junto a otras personas “respetables y mayores”, cuyos nombres proporciona Isauro.

No es sorprendente esta afirmación, habiendo leído el libro de Jorge Amado (que no dudo en recomendar sea rescatado y reeditado para futuras generaciones de brasileños, colombianos, y latinoamericanos en general), conociendo el ejemplar temple comunista y la abigarrada experiencia vital e internacionalista de la praxis revolucionaria de Luis Carlos Prestes, quien por aquellas fechas se encontraba residiendo en Checoeslovaquia, desde donde no era difícil venir a Colombia y perderse en las montañas de Chaparral y los lomos de la cordillera central en el sur del Tolima, Colombia. En este sentido pido ayuda a los comunistas brasileños y a historiadores y biógrafos de Luis Carlos Prestes para que nos ayuden a esclarecer estos hechos.

Lo que me sorprende es la demora en habernos dado cuenta del significado practico y político que este hecho internacionalista tuvo o ha tenido para la historia colombiana y en el nacimiento de las Farc-EP. En sus raíces más profundas. En el intercambio de experiencias entre Isauro y Marulanda y, los demás compañeros del Davis.

Me sorprende también pensar cómo dentro al proceso de memoria histórica que se va a iniciar en Colombia después de los Acuerdos de la Habana, esta pieza del rompecabezas histórico pueda o vaya a ser recogido y asimilado por la generalidad de los colombianos, para darle más luz a LO por venir.

Fuente imagen Internet.

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