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Priorizar la decisión de la gente y ofrecerle seguridad son algunos de los matices nuevos que incorpora a su discurso el ya coordinador general de EH Bildu. Arnaldo Otegi está convencido de que su margen de crecimiento es aún muy amplio.

Otegi vivió desde prisión el nacimiento de Bildu en 2011, pero para nada era ajeno al mismo. Tanto el cambio de ciclo que lo posibilitó como la teorización de la necesidad de suma de fuerzas de izquierdas y soberanistas llevaban su impronta y se alimentaron de su liderazgo. Hoy está libre y es el primer coordinador general de EH Bildu.

Esta reconstitución de EH Bildu se lanzó sobre criterios como abrir puertas, «una persona un voto», fomentar la pluralidad... pero lo que se ha destacado fuera en estas últimas semanas ha sido casi lo contrario: proceso centralizador, jerárquico, «partido único»...

Para nada. Plantear que ha habido un intento homogeneizador de EH Bildu es lo más alejado de la realidad. Lo que se produce es una evolución en la que los partidos ceden soberanía y abren EH Bildu a la militancia propia, sin que nadie plantee una desaparición de esos partidos ni de esas culturas políticas, que nos parece algo enriquecedor. Es una nueva EH Bildu desde abajo y abierta a la gente. Con un objetivo: que sea la casa común de la izquierda soberanista vasca, en la que todo el mundo se sienta cómodo y nadie pierda su identidad, pero donde a la vez haya una suma.

Está claro que con una estructura propia la acción política gana agilidad y eficacia, pero ¿no se arriesga la cohesión que proporcionaba tener que decidir siempre por consenso?

A mí me parece un buen ejercicio que haya que consensuar las decisiones, porque al final eso refleja la pluralidad no solo de EH Bildu sino de la propia sociedad. Pero al mismo tiempo necesitamos estructuras que sean eficaces. Por eso hemos hecho una definición que igual es algo difícil de entender: EH Bildu va a ser una coalición jurídicamente, porque no puede ser de otra manera; en términos de estructura va a parecerse a un partido; y en términos de movimiento, va a ser algo que no es exactamente un partido. Vamos a huir de que se conciba EH Bildu como un partido, porque tienen cabida ahí todos los sectores sociales, sindicales, populares, políticos que aspiren a construir un Estado que proteja a la gente.

En esa apertura de puertas se ve también un afán de lo que en el proceso anterior de Sortu se definía como «activar la inteligencia colectiva». ¿Se está consiguiendo?

Estamos al inicio de un camino. Va a exigir tiempo, paciencia e inteligencia. Pero sí tenemos esa vocación. EH Bildu tiene que convertirse en un referente no solo en términos políticos, sino en términos de valores alternativos: democráticos, culturales, por la igualdad de género...

Las propuestas de EH Bildu parecen más mayoritarias a nivel de calle que lo que luego se traduce en las urnas o las instituciones. ¿No hay entre medio un cierto cortocircuito?

En las encuestas vemos que la gente percibe a EH Bildu en un extremo del eje izquierda-derecha, en feminismo, en independentismo... y sin embargo ahí convivimos culturas muy diferentes: sectores socialdemócratas, comunistas, ecosocialistas... Desde mi punto de vista, esa síntesis conecta bien con las amplias mayorías del país, aunque aún no se haya traducido en mayoría electoral, porque esos son los valores hegemónicos.

¿No se está mostrando que Euskal Herria es más conservadora y más autonomista de lo que parecía en el anterior ciclo de confrontación, con su polarización inevitable?

Yo creo que no. Sí existe una sociedad en la que fundamentalmente se han impuesto valores conservadores; en las sociedades actuales la manipulación y el miedo son la herramienta de hacer política del capitalismo y la gente busca certidumbres en valores que son conservadores. Pero por encima de eso yo estoy convencido de que la gente quiere decidir, recuperar el control sobre sus vidas, la gente es solidaria, cree en esfuerzos fiscales equitativos, en cuidar la naturaleza... El reto de EH Bildu es conectar todos esos valores en torno a un programa político eficaz.

Los postulados de la mayoría sindical están cerca de los de EH Bildu, los de los movimientos sociales y populares también... ¿Falta un bloque ahí?

Más que un bloque, falta articular una alternativa al actual estado de cosas. Yo creo que todavía no somos percibidos como una alternativa real. Hemos avanzando mucho en eso, pero nos falta un camino por hacer.

Pero es que donde EH Bildu ha gobernado o gobierna, además, la relación con esos agentes parece más de conflicto que de sinergia...

Sí, pero yo lo desdramatizaría. La izquierda en general tiene que hacer una reflexión sobre cuáles son los márgenes reales que existen hoy en las instituciones de la UE para cambiar las política neoliberales, y otra reflexión sobre cuál es el modelo de relación entre la izquierda que gestiona instituciones y el movimiento sindical y popular. Si somos capaces de entender por un lado que esos márgenes de cambio son estrechos aunque hay que aprovecharlos, y por otro que la relación debe ser de compromiso efectivo con el cambio pero a la vez de respeto a la autonomía mutua, nos vamos a encontrar. Y creo que en ese camino estamos.

EH Bildu solo tiene seis años, pero le ha dado tiempo a pegar un pelotazo electoral en 2011, estancarse, sufrir un bajonazo importante en 2015 y repuntar en 2016. ¿Dónde está hoy? ¿Qué puede hacer y qué no?

Hay que poner en valor todo ese camino, y los que lo hemos vivido en la cárcel lo percibimos muy bien. Las primeras convocatorias electorales acreditaron capacidad para pelear la hegemonía en este país. Luego se demostró que sabemos gestionar: no decimos como otros que todo lo hacemos bien, probablemente nos equivocamos en algunas cosas, pero hemos hecho cosas en política fiscal o social que ahora recomiendan hacer la OCDE o el consejero Azpiazu. Luego sí es cierto que se produce ese estancamiento y ese repunte. En las últimas encuestas estamos creciendo y mi previsión es que vamos a crecer más. Pero no depende de nuestra voluntad, sino de si hacemos bien las cosas. Y para esto hay que demostrar tres cosas: respetar la pluralidad interna de EH Bildu, hacer que las voces de EH Bildu sean plurales y hacer que representen lo que quiere la mayoría social, sindical y cultural de este país. Si lo hacemos, vamos a seguir creciendo.

Hablar de cambio es hoy hablar de Nafarroa. ¿Cuánto va a invertir ahí EH Bildu y qué valoración hace Arnaldo Otegi a mitad de legislatura?

Todo el mundo es consciente de que EH Bildu está jugando un papel fundamental en el sostenimiento del cambio en Nafarroa. Y se reconoce. Dicho esto, hay una demanda de que el cambio tenga otra intensidad e incluso otra dirección en determinadas esferas. Sacar a UPN, como sacar a Maroto, era una condición imprescindible, pero no suficiente. El Gobierno del cambio tiene que hacer cambios. Con toda la responsabilidad del mundo, sabiendo lo que nos jugamos, decimos que la mayoría social que existe se tiene que ver reflejada en la acción de Gobierno.

¿Hay lecciones de todo lo ocurrido en Gipuzkoa que sirvan para Nafarroa?

No lo sé, no sé si se puede trasladar. Primero quiero decir que lo ocurrido en Gipuzkoa a veces se sintetiza en términos negativos, pero hubo cosas que se hicieron muy bien. Por eso prefiero hacer una reflexión general, para el conjunto del país: los cambios se tienen que hacer con la gente, y entonces son cambios en profundidad, porque luego no se pueden neutralizar con nuevas mayorías parlamentarias. Los cambios que se hacen solo con mayorías parlamentarias tienen valor, pero cuando hay otra mayoría parlamentaria desaparecen. Para mí, lo que la izquierda soberanista tiene que tener en mente permanentemente es que los cambios hay que explicárselos a la gente, hay que debatirlos con la gente, y al final tiene que decidirlos la gente. Y cuando hay problemas y no nos ponemos de acuerdo en una determinada política, como puede pasar ahora en Nafarroa con el TAV o como pasó en Gipuzkoa con las basuras, hay que buscar la fórmula de entendimiento en la apelación al voto y la voluntad de la gente. Que sea la gente la que decida. Cuando la izquierda cambia las cosas con la gente y es la gente la que decide, nunca pierde.

Hace ahora un año EH Bildu estaba proponiendo un acuerdo de país a PNV y Podemos. Hoy día, ¿el PNV saldría necesariamente de esta ecuación?

Sí, es evidente. El PNV representa la revolución conservadora en este país. Ha instalado determinados mantras que le siguen funcionando: uno, vivimos mucho mejor que los españoles; dos, eso ocurre porque es el PNV quien gestiona. Y pone ratios encima de la mesa como las escalas salariales... Claro, se olvida de que aquí se vive mejor que en el Estado español porque hay una izquierda que pelea y se organiza, hay una mayoría sindical que pelea y se organiza... y eso hace que aquí la penetración de las políticas neoliberales, que también la ha habido, tenga frenos. Pero esos frenos no los pone el PNV, los pone la izquierda. Hay contrapesos y contrapoderes. El PNV ha hecho una apuesta por un proyecto de clase y no de pueblo, y eso le lleva a alianzas con el PSOE y el PP. Es él es que se ha salido de una posible alianza por el soberanismo y el progreso que busca otro tipo de escenario para el país. Las cosas están así. ¿Eso quiere decir que nos neguemos a llegar a acuerdos con el PNV? No. Pero tenemos que plantear con claridad que somos una alternativa para hacer las cosas de otra manera, y ponernos enfrente de esas políticas que dejan a la gente a la intemperie. Lo decimos sin levantar la voz y sin dejar de sonreír; nos vamos a oponer a esas políticas.

Para cerrar el capítulo de este proceso reconstituyente, ¿para Arnaldo Otegi qué supone a nivel personal pasar de liderar Sortu a liderar EH Bildu? ¿Es «salir de la zona de confort», como se dice ahora?

Bueno, no sé yo si hemos estado alguna vez en zona de confort [ríe]. Sí que me va a exigir un esfuerzo, porque soy consciente de que tengo que hacer un discurso que represente la síntesis de esta casa común de la izquierda soberanista, aunque me da la impresión de que ya estoy ahí hace un tiempo. Sí se me va a hacer un poco raro, porque yo ya lo dije en otro periódico y lo repito aquí, no quiero engañar a nadie: yo sigo siendo de la izquierda abertzale y moriré siendo de la izquierda abertzale, pero también soy muy consciente de que soy parte de una coalición plural, con diferentes partidos y culturas políticas, con gente independiente, que tiene que abrirse aún más a otros sectores... Seguro que a veces cometeré errores, pero voy a tratar de ser un referente de lo que es el amplio conjunto de EH Bildu.

Ver video aquí: http://www.naiz.eus/es/actualidad/noticia/20170619/la-sintesis-de-eh-bildu-conecta-con-amplias-mayorias-tiene-sus-valores

 

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