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Por: Carlos Morais

No por prevista es menos dolorosa. La derrota electoral de ayer en Venezuela por las fuerzas revolucionarias y de izquierda articuladas en el Gran Polo Patriótico Simón Bolívar (GPPSB), es una mala noticia para el pueblo trabajador venezolano, pero también para el conjunto de los pueblos latino-americanos y caribeños, y del resto del mundo, como el galego.

El resultado de las elecciones legislativas venezolanas tiene una dimensión geo-estratégica por el rol que cumple el proceso revolucionario -tanto a escala continental como en el ámbito global- como uno de los más destacados referentes anti-imperialistas. He aquí la importancia concedida antes y después por los medios de (des)información masiva; primero, generando un estado de opinión hostil a la Revolución -que identifican con una de esas dictaduras que sus propietarios tan bien conocen, al cuestionar su sistema electoral y presentar a Maduro como un dictador- y ahora a evaluar con mal disimulado entusiasmo el resultado y exigir celeridad en la aplicación del "mandato popular" para iniciar la "Transición", de manera que se identifiquen las legislativas de ayer con un plebiscito sobre Maduro y la continuidad de la Revolución Bolivariana.

 

Un conjunto de factores permiten comprender este nuevo escenario

Sin lugar a dudas, la guerra económica que el País ha padecido en los últimos años, traducida en el sabotaje económico y eléctrico que ha estado provocando un enorme desabastecimiento de productos básicos y en el aumento de la inflación, minaron el apoyo popular a la Revolución Bolivariana. Pero no sólo podemos agarrarnos a este factor para explicar la contundente victoria electoral de la contrarrevolución en Venezuela.

Un proceso revolucionario que no avanza inevitablemente retrocede. El proceso revolucionario chavista y bolivariano en los últimos dos años ha estado sometido a un profundo debate entre el sector que hegemoniza el poder institucional y la base auto-organizada en los partidos, colectivos y movimientos sociales revolucionarios integrados en el PSUV o con proyectos claramente autónomos como el representado por el Partido Comunista de Venezuela.

Este debate hasta ahora siempre se ha saldado con la victoria ideológica del primero, determinado por la defensa de un modelo nacional de capitalismo de estado, contrario al avance en el horizonte socialista, más preocupado por perpetuar y blindar los privilegios alcanzados por la que se denomina correctamente como boliburguesía, que por implementar un programa y un conjunto de medidas de choque para solucionar el desabastecimiento que desgasta la moral del pueblo, y por desarrollar el "Programa de la Patria" (2013-2019).

La muerte prematura de Hugo Chávez en marzo de 2013 aceleró las contradicciones internas en el movimiento bolivariano y la presidencia de Nicolás Maduro no fue quien ni de atajar la corrupción, ni la inseguridad emanada de la delincuencia (malandros) y el paramilitarismo con vínculos directos con los partidos y dirigentes de la contrarrevolución.

Las luchas intestinas, cada vez más públicas y sonoras, en el seno del PSUV y las ambiciones de Diosdado Cabello por ocupar el Palacio de Miraflores contribuyeron a diseñar un escenario donde el resultado de ayer era más que previsible.

Para la casta que ocupa el poder en el seno del Estado y del PSUV y que mantuvo enorme pasividad a la hora de combatir la corrupción y actuó con enorme prepotencia y petulancia, el Socialismo no pasa de ser una palabra vacía de contenido. El comandante Hugo Chávez ha sido transformado en un fetiche desprovisto de su proyecto genuinamente revolucionario, pero útil para ganar elecciones por la profunda devoción y legitimidad con que cuenta en las entrañas de la Venezuela pobre y popular.

Ha vencido la derecha pro-imperialista, la oligarquía que mantuvo a Venezuela como una neocolonia yanqui y al pueblo en la miseria absoluta hasta 1999, y todo indica que intentará revertir las conquistas sociales alcanzadas, desmontar la arquitectura institucional de la Revolución Bolivariana y cambiar la política internacional de integración Latino-americana y caribeña, la de la Patria Grande frente al imperialismo yanqui. La victoria de Macri en Argentina y el intento de impeachment a Dilma forman parte de esta estrategia de ofensiva imperialista en que debemos encuadrar la normalización de las relaciones diplomáticas con Cuba y el apoyo al proceso de paz en Colombia.

 

Situación inquietante

Cuando escribo estas reflexiones de urgencia aún faltan por asignar 22 representantes ("curules") de la Asamblea Nacional. Actualmente el GPPSB ha logrado 46, frente a los 99 del MUD. Si la contrarrevolución alcanza dos más, podrá censurar a los miembros del gobierno, y si llega a los 110 podrá promover referenduns, reformas constitucionales, promulgar leyes orgánicas que desmonten la arquitectura institucional bolivariana e incluso iniciar un proceso para una nueva Asamblea Constituyente.

La contrarrevolución presentará esta victoria como un plebiscito que deslegitime la presidencia de Nicolás Maduro. Sin lugar a dudas, la inestabilidad política y social que vive Venezuela continuará, ahora con una correlación de fuerzas institucional alterada. No olvidemos que la derecha, por primera vez, ya no cuestiona los resultados ni la legitimiidad del Consejo Nacional electoral, ya ni montó guarimbas en los barrios ricos, ni protestó. Ahora su estrategia se centrará en erosionar a Maduro, incluso en intentar forzar la convocatoria de un referéndum para revocar la Presidencia de la República.

 

Desafíos del chavismo

El chavismo tiene dos grandes retos: recuperar el apoyo popular perdido, activar ese importante sector de la base social chavista desencantada que ayer votó tapándose literalmente la nariz, como condición indispensable para generar las condiciones subjetivas que permitan dirigir y capitalizar una contraofensiva contra la reacción que intentará liquidar las consquistas sociales mediante privatizaciones y retirada del apoyo a las Misiones.

Pero, simultáneamente, debe promover sin limitaciones un profundo debate político-ideolóico que culmine con la sustitución y cese de la burocracia parásita corresponsable de esta derrota. Sin embargo, las resistencias va a ser muy grandes, pues los intereses en juego son inmensos. Es incluso posible que un sector de esta fracción burocrática busque una salida negociada con la contrarrevolución, una "transición" para asegurar sus privilegios a cambio de volver a un modelo de democracia burguesa del agrado de Washington y el FMI.

Pero, afortunadamente en estos 17 años de Revolución Bolivariana, un sector muy importante del pueblo venezolano ha alcanzado un grado importante de politización y auto-organización, dispuesto a defender por todos los medios su (nuestra) Revolución.

Es necesario desarrollar el socialismo comunal y bolivariano, dar podoeres al pueblo auto-organizado como permite la Constitución Bolivariana, ocupar las calles y, de los barrios y de los centros de trabajo, hacer frente a los planes de la camarilla de la MUD teledirigida por los Estados Unidos.

Nicolás Maduro tendrá que recurrir de nuevo a una Ley Habilitante que le conceda poderes especiales, que le permita gobernar por decreto y ganar tiempo (seis meses), para recomponer el chavismo con el debate pendiente que reclamaron durante años las corrientes revolucionarias en el seno del PSUV y las fuerzas aliadas, y prepararse para un nuevo escenario en que la Asamblea Nacional responda a las directrices de la embajada de los Estados Unidos y no a las intereses del pueblo trabajador venezolano.

Serán tiempos duros. Tiene razón Nicolás Maduro cuando afirma en su discurso reconociendo la derrota electoral que tendrá que venir "una nueva etapa de la Revolución Bolivariana". Sin una profunda corrección de la línea social-demócrata y pactista hasta hoy hegemónica, sin una profunda democratización del PSUV, no será factible aprovechar esta derrota táctica para convertirla en un revulsivo que facilite el tan deseado y reclamado avance estratégico.

 

Galiza, 7 de diciembre de 2015

 

Galego

Nom por prevista é menos dolorosa. A derrota eleitoral de ontem na Venezuela polas forças revolucionárias e de esquerda articuladas no Gran Polo Patriótico Simón Bolívar [GPPSB], é umha má notícia para o povo trabalhador venezuelano, mas também para o conjunto dos povos latino-americanos e caribenhos, e do resto do mundo, como o galego.

O resultado das eleiçons legislativas venezuelanas tem umha dimensom geo-estratégica polo rol que cumpre o processo revolucionário –tanto a escala continental como no ámbito global– como um dos mais destacados referentes anti-imperialistas. Eis a importáncia concedida antes e depois polos meios de [des]informaçom maciça; primeiro, a gerarem um estado de opiniom hostil com a Revoluçom –que identificam com umha dessas ditaduras que os seus proprietários tam bem conhecem, ao questionarem o seu sistema eleitoral e apresentarem Maduro como um ditador– e agora a avalizarem com mal dissimulado entusiasmo o resultado e a exigirem celeridade na aplicaçom do “mandado popular” para iniciar a “Transiçom”, de maneira que se identifique as legislativas de ontem com um plebiscito sobre Maduro e a continuidade da Revoluçom Bolivariana.

 

Um conjunto de fatores permitem compreendermos este novo cenário

Sem lugar a dúvidas, a guerra económica que o País padeceu nos últimos anos, traduzida na sabotagem económica e elétrica que tem provocado um enorme desabastecimento de produtos básicos e no aumento da inflaçom, minárom o apoio popular à Revoluçom Bolivariana.

Mas nom só podemos agarrar-nos a este fator para explicarmos a contundente vitória eleitoral da contrarrevoluçom na Venezuela.

Um processo revolucionário que nom avança inevitavelmente retrocede. O processo revolucionário chavista e bolivariano nos últimos dous anos tem estado submetido a um profundo debate entre o setor que hegemoniza o poder institucional e a base auto-organizada nos partidos, coletivos e movimentos sociais revolucionários inseridos no PSUV ou com projetos claramente autónomos como o representando polo Partido Comunista da Venezuela.

Este debate até agora sempre se saldou com a vitória ideológica do primeiro, visado na defesa de um modelo nacional de capitalismo de estado, contrário a avançar no horizonte socialista, mais preocupado por perpetuar e blindar os privilégios atingidos pola que se denomina corretamente como boliburguesia, que por implementar um programa e um conjunto de medidas de choque para solucionar o desabastecimento que desgasta a moral do povo, e por desenvolver o “Programa da Pátria [2013-2019]” elaborado por Chávez.

A morte prematura de Hugo Chávez em março de 2013 acelerou as contradiçons internas no movimento bolivariano e a presidência de Nicolás Maduro nom foi quem nem de atalhar a corruçom, nem a insegurança emanada da delinquência [malandros] e o paramilitarismo com vínculos diretos com os partidos e dirigentes da contrarevoluçom.

As luitas intestinas, cada vez mais públicas e sonoras, no seio do PSUV e as ambiçons de Diosdado Cabello por ocupar o Palácio de Miraflores contribuírom a desenhar um cenário onde o resultado de ontem era mais que previsível.

Para a casta que ocupa o poder no seio do Estado e do PSUV, e que mantivo enorme passividade à hora de combater a corrupçom e agiu com enorme prepotência e petuláncia, o Socialismo nom passa de ser umha palavra de ordem vazia de conteúdo. O comandante Hugo Chávez foi transformado num fetiche desprovido do seu projeto genuinamente revolucionário, mas útil para ganhar eleiçons pola profunda devoçom e legitimidade com que conta nas entranhas da Venezuela pobre e popular.

Venceu a direita pro-imperialista, a oligarquia que mantivo a Venezuela como umha neocolónia ianque e o povo na miséria absoluta até 1999, e todo indica que tentará reverter as conquistas sociais atingidas, desmontar a arquitetura institucional da Revoluçom Bolivariana e mudar a política internacional de integraçom Latino-americana e caribenha, a da Pátria Grande frente o imperialismo ianque. A vitória de Macri na Argentina e a tentativa de impeachment a Dilma fazem parte desta estratégia de ofensiva imperialista em que devemos enquadrar a normalizaçom das relaçons diplomáticas com Cuba e o apoio ao processo de paz na Colômbia.

 

Situaçom inquietante

Quando escrevo estas reflexons de urgência ainda faltam por assignar 22 representantes ["curules"] da Assembleia Nacional. Atualmente o GPPSB logrou 46, frente aos 99 do MUD. Se a contrarevoluçom atingir 2 mais, poderá censurar membros do governo; e se chegar aos 110, poderá promover referendos, reformas constitucionais, promulgar leis orgánicas que desmontem a arquitetura institucional bolivariana e mesmo iniciar um processo para umha nova Assembleia Constituinte.

A contrarevoluçom vai apresentar esta vitória como um plebiscito que deslegitime a presidência de Nicolás Maduro. Sem lugar a dúvidas, a instabilidade política e social que vive a Venezuela vai continuar, agora com umha correlaçom de forças institucional alterada. Nom esqueçamos que a direita, por primeira vez, já nom questiona os resultados nem a legitimidade do Conselho Nacional eleitoral, já nem montou guarimbas nos bairros ricos, nem protestou. Agora a sua estratégia vai centrar-se na erosão a Maduro, mesmo tentará forçar a convocatória de um referendo para revogar a Presidéncia da República.

 

Desafios do chavismo

O chavismo tem dous grandes reptos: recuperar o apoio popular perdido, ativar esse importante setor da base social chavista desencantada que ontem votou tapando-se literalmente o nariz, como condiçom indispensável para gerar as condiçons subjetivas que permitam dirigir e capitalizar umha contraofensiva contra a reaçom que tentará liquidar as conquistas sociais mediante privatizaçons e retirada do apoio às Missons.

Mas, simultaneamente, deve promover sem limitaçons um profundo debate político-ideológico que culmine com a substituiçom e cessamento da burocracia parasita corresponsável desta derrota. Porém, as resistências vam ser mui grandes, pois os interesses em jogo som imensos. É mesmo possível que um setor desta fraçom burocrática procure umha saída negociada com a contrarevoluçom, umha “transiçom” para assegurar os seus privilégios em troques de voltar para um modelo de democracia burguesa do agrado de Washington e o FMI.

Mas afortunadamente nestes 17 anos de Revoluçom Bolivariana um setor mui importante do povo venezuelano tem atingido um grau importante de politizaçom e auto-organizaçom, disposto a defender por todos os meios a sua [a nossa] Revoluçom.

Há que desenvolver o socialismo comunal e bolivariano, dar poderes ao povo auto-organizado como permite a Constituiçom Bolivariana, ocupar as ruas e, dos bairros e dos centros e trabalho, fazer frente aos planos da camarilha da MUD teledirigida polos Estados Unidos.

Nicolás Maduro terá que recorrer novamente a umha Lei Habilitante que lhe conceda poderes especiais, que lhe permita governar por decreto e ganhar tempo [seis meses], para recompor o chavismo com o debate pendente que reclamarom durante anos as correntes revolucionárias no seio do PSUV e as forças aliadas, e preparar-se para um novo cenário em que a Assembleia Nacional vai responder às diretrizes da embaixada dos Estados Unidos e nom aos interesses do povo trabalhador venezuelano.

Vam ser tempos duros. Tem razom Nicolás Maduro quando afirma no seu discurso reconhecendo a derrota eleitoral que tem de vir "umha nova etapa da Revoluçom Bolivariana". Sem umha profunda correçom da linha social-democrata e pactista até hoje hegemónica, sem umha profunda democratizaçom do PSUV, nom será factível aproveitar esta derrota tática para a converter num revulsivo que facilite o tam desejado e reclamado avanço estratégico.

 

Galiza, 7 de dezembro de 2015

 

 

 

 

 

 

 

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